El Yoga de la Mente: cuando el mundo que ves no está fuera, sino dentro de ti.

El Yoga de la Mente

El Yoga de la Mente: cuando el mundo que ves no está fuera, sino dentro de ti

Una invitación a mirarte con la misma suavidad con la que mirarías a un amigo cansado

¿Alguna vez has sentido que el silencio de alguien te duele como un rechazo, mientras que otra persona lo vive como una caricia? ¿Has notado que las mismas palabras pueden herirte o aliviarte según el día?

Pues bien, lo anterior es normal, es algo humano. Todos miramos la vida a través de lo que hemos vivido. Tú solo estás viendo el mundo a través de tu historia, y eso no está mal.

El silencio no es el mismo para todos

Fíjate en el silencio. Para unos es una pared fría, un vacío que duele. Para otros, una manta tibia, una pausa que abraza. La misma calma, dos vidas distintas.

Y con las palabras pasa lo mismo: alguien dice «descansa» y una persona lo siente como abandono; otra lo siente como permiso. No cambia la frase. Cambia lo que cada cual lleva en la mochila del alma.

Esa mochila, en la filosofía del yoga, tiene un nombre: se llama Citta (conciencia total). Es el campo total de tu conciencia. Como si se tratara del agua de un lago. Y según lo que hayas ido depositando en ese lago, el agua puede estar más o menos turbia, más o menos agitada, más o menos desbordada. Y es así, desde esa claridad o esa turbulencia interior, como trasladamos la visión a lo exterior: más o menos nítida, más o menos amable, más o menos verdadera. De esa forma es como vemos y apreciamos el mundo.

No respondes a lo que pasa ahora, sino a lo que te pasó antes

¿Qué está ocurriendo? Algo muy humano: no respondes a lo que pasa ahora, sino a lo que te pasó antes. Respondes a tus tropezones, a tus cicatrices, a las lecciones que te enseñaron sin que pidieras aprenderlas así.

Porque no miras con los ojos nada más. Miras con las grietas que el tiempo no terminó de cerrar. No escuchas con los oídos. Escuchas con esos miedos viejos que se quedaron a vivir en tu pecho.

Patañjali, ese sabio de los Yoga Sutras, llamaba a esos movimientos internos Vrittis: las olas, las fluctuaciones de la mente. Esto no es más que cada pensamiento, cada recuerdo, cada «¿y si…?» que se cruza o se asoma en tu conciencia.

Y mira, igual que vamos poniendo capas alrededor de nuestra identidad, el sufrimiento —si te fijas— no nace de lo que pasa, sino de que te identifiques con esa ola, con esa fluctuación mental y te creas que tú eres ella.

«Estoy enfadado» no es verdad. «Hay un enfado pasando» es más cierto. Pero eso ya lo veremos más adelante.

Cuando recuperas la seguridad en ti, todo se ve distinto

Pero llega un momento —y te aseguro que llega— en que recuperas la seguridad en ti. En que vuelves a confiar en tu propia compañía. Y entonces, sin que el mundo se mueva ni un milímetro, todo se ve distinto.

Quizá la libertad no sea componer tu vida pieza a pieza como un rompecabezas. Quizá la libertad sea más sencilla y más valiente: aprender a mirar tu vida con la misma suavidad con la que mirarías a un amigo cansado.

Esa mirada más suave tiene un nombre en el yoga: se llama Sākshi, el Testigo. No es el que juzga, ni el que arregla, ni el que huye. Es el que observa la tormenta desde la orilla, sabiendo que él no es la tormenta.

El yoga y la meditación no borran el pasado; te enseñan a habitarlo

Porque esos ojos más suaves no nacen de ignorar el dolor, sino de haberlo mirado de frente, en silencio, sin juzgarlo. En el yoga y la meditación no borramos las huellas del pasado: aprendemos a habitarlas sin que duelan al caminar.

Imagina un cuenco de agua cristalina. Si echas un puñado de arena, el agua se enturbia. Esa arena en suspensión son tus pensamientos, tus memorias recientes, tus preocupaciones. Pero si dejas el cuenco quieto, sin agitarlo, la arena cae al fondo por su propio peso. No desaparece. Solo encuentra su lugar.

Eso es Nirodha: no vaciar la mente, no luchar contra los pensamientos. Es dejar que la arena repose. Es el arte de no alimentar el remolino.

La respiración consciente es el primer espejo sin filtros

Cuando te sientas a observar tu aliento, sin cambiarlo, sin forzarlo, descubres que también puedes observar tus pensamientos sin creerte todos sus cuentos.

Ahí, en ese espacio entre la inhalación y la exhalación, nace la libertad que no depende de que el mundo cambie, sino de que tú dejes de reaccionar como si aún estuvieras en aquella vieja tormenta.

Porque muchas veces el presente no te hiere. Es tu ayer disfrazado de hoy.

No se trata de convertirte en otra persona, sino de recordar quién eras

En Anandamaya decimos que la práctica no es para convertirte en otra persona, sino para recordar quién eras antes de que las heridas te enseñaran a encogerte.

Tu historia no desaparecerá, pero puedes sostenerla con la misma ternura con la que sujetas una taza de té caliente: sin apretarla tanto que se rompa, sin soltarla por miedo a quemarte.

Un día te darás cuenta de que el rechazo que sentiste no era abandono: era el eco de una ausencia antigua. Y esa paz que tanto buscabas fuera resulta que siempre estuvo dentro, esperando que dejaras de gritar para poder escucharla.

Esa paz es tu fondo. El lago puede agitarse en la superficie, pero el fondo permanece quieto. Siempre.

Una pregunta para llevar contigo

Así que, si hoy sientes que el mundo te duele, pregúntate suavemente:

¿Me duele el mundo o me duele una historia que ya terminó?

Y luego respira.

Una vez.

Otra vez.

Hasta que los ojos se limpien solos.

Te invitamos a dar un paso más

Todo lo que has leído aquí no es solo poesía. Es la esencia viva de los Yoga Sutras de Patañjali, una filosofía práctica que lleva milenios ayudando a las personas a desidentificarse del ruido mental y redescubrirse como el Testigo tranquilo que observa el remolino desde el fondo del lago.

Por eso hemos preparado un encuentro especial para seguir profundizando en esta mirada.

"El Corazón del Yoga: Encuentros de Filosofía y Yoga Nidra"

Este cuarto encuentro está dedicado precisamente a “El Yoga de la Mente: Patañjali y el arte de aquietar el Citta”.

Será el próximo sábado 23 de mayo de 11:30 a 13:30, presencial en Anandamaya, donde exploraremos: una práctica suave de asanas para aquietar la mente desde el cuerpo; la filosofía esencial de Patañjali: qué es la mente, cómo nos engañan las olas de pensamiento y cómo dejar de identificarnos con ellas; Pranayama; Yoga Nidra; y, té consciente en silencio compartido.

Puedes escribirme a info@yogaanandamaya.com o al 647 51 22 78 si quieres reservar o saber más acerca del encuentro.

En Anandamaya te invitamos a no creerte este artículo, sino a comprobarlo por ti misma(o). La próxima vez que te sientes a meditar, aunque sea tres minutos, observa si tus pensamientos son la realidad o son ecos. Y si algo de lo leído aquí te ha rozado, déjame un comentario, escríbeme. Nos gusta saber que caminamos juntos. Bienvenido a casa. Bienvenido a Anandamaya, donde no se trata de ver el mundo perfecto, sino de verte a ti entero.

Isabel Ward.

Si te interesa profundizar en una perspectiva más completa y académica sobre este tema, puedes leer el artículo publicado en Yoga en Red

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