Las fuerzas que nos habitan: ¿Quién mueve los hilos de tu mente?

Los tres hilos del velo.

Las fuerzas que nos habitan: ¿Quién mueve los hilos de tu mente?

¿Te ha pasado que te levantas y, sin más, una losa invisible te impide arrancar? No es cansancio, es algo más denso. Una voz dentro que dice «déjalo para mañana», «no merece la pena», «para qué voy a molestarme».

¿O ese otro día en el que no puedes parar? Contestas un mensaje, abres otra pestaña, pones una lavadora, piensas en la cena, y todo a la vez. El cuerpo va por un lado y la cabeza por otro, como un motor que no encuentra la marcha adecuada.

Y luego están esos momentos raros, casi mágicos, en los que todo encaja. Estás pelando una naranja y de repente hay paz. O miras por la ventana y no necesitas nada más.

Tres estados muy distintos. Todos los conocemos. Y, sin embargo, hay algo en ti que puede observarlos a todos.

No eres tú, es el baile

En el último post hablábamos de eso: de aprender a ser el cielo que observa las nubes, no las nubes mismas. Pero hoy quiero contarte algo que a mí me ayudó mucho cuando lo entendí: esas nubes no son caóticas. Tienen un patrón. Una especie de «firma energética» que el Yoga, hace miles de años, ya había observado.

Hay una fuerza que nos vuelve pesadas, inmóviles, como si tuviéramos los pies llenos de barro. Otra que nos acelera, nos inquieta, nos empuja a hacer sin parar. Y una tercera que es como un respiro: claridad, calma, esa sensación de «aquí estoy bien».

En sánscrito les llaman Gunas. Pero no necesitas recordar esa palabra. Solo quiero que te quedes con esto: no eres tú quien está mal cuando te sientes así. Es simplemente una de esas fuerzas que está bailando más fuerte que las otras.

La trampa de creernos el personaje

El lío empieza cuando nos identificamos.

Cuando llevas tres días con esa losa y dices: «es que yo soy una persona vaga». O cuando la aceleración no cesa y piensas: «soy ansiosa, soy así». Incluso cuando estás en ese momento de paz y te aferras a él diciendo «esto es lo que debería sentir siempre».

Ahí es donde perdemos la libertad. Porque nos convertimos en eso que sentimos.

Pero si puedes dar un paso atrás —solo un paso, como quien se aparta para ver mejor un cuadro— tal vez notes algo: la losa está ahí, pero tú no eres la losa. La prisa está ahí, pero tú no eres la prisa. Incluso la paz está ahí, pero tú eres quien la observa, no quien se aferra a ella.

Un juego sencillo para esta semana

Te propongo algo muy simple. Durante unos días, conviértete en una observadora de tu propio clima. No hace falta que cambies nada. Solo mira.

  • Si notas esa pesadez, esa inercia, ese «para qué»: respira hondo. Levántate, aunque sea un minuto. Enciende una luz. El simple gesto de mover un dedo con consciencia puede empezar a equilibrar la balanza.
  • Si notas esa aceleración, esa prisa, ese fuego interno: siéntate donde estés. Exhala más largo de lo que inhalas. Siente el peso de tu cuerpo contra la silla o el suelo. La tierra apaga el fuego.
  • Si tienes un momento de claridad, de esos en los que todo está en orden: disfrútalo. Pero no te aferres. Simplemente di «gracias» y déjalo pasar, como quien ve una puesta de sol.

La montaña sigue ahí

Lo bonito de todo esto es que, hagas lo que hagas, llueva o truene dentro de ti, hay un lugar que no se mueve. Es como una montaña. Las nubes pueden bailar a su alrededor, la niebla puede cubrirla, los rayos pueden golpear sus laderas. Pero la montaña sigue siendo montaña. Su centro permanece inmóvil, silencioso.

Tú eres esa montaña. Y cuanto más lo recuerdas, menos poder tienen las tormentas para llevarte por delante.

Una invitación sin etiquetas

Si todo esto te ha resonado, aunque sea un poquito, te invito a venir al próximo encuentro de «El Corazón del Yoga: Encuentros de Filosofía y Yoga Nidra». No tienes por qué saber nada sobre Yoga. Solo tener ganas de parar un rato, respirar juntas y mirar hacia dentro con cariño.

Será el sábado 18 de abril de 11:00 a 13:00. Se llama «Las fuerzas que nos habitan», que es justo de lo que hemos estado hablando.

Puedes escribirme a info@yogaanandamaya.com o escribe al 647 51 22 78 si quieres reservar o preguntar cualquier cosa.

Que la montaña te sostenga. Namasté,
Isabel Ward
Yoga Anandamaya

Si te interesa profundizar en una perspectiva más completa y académica sobre este tema, puedes leer el artículo publicado en Yoga en Red

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